Lluvia derramada.
Los helados campanarios
que anuncian la misa de las diez
rodillas acabadas y
miradas opresoras de la divinidad.
Perdidos mis ojos
buscando descifrarme
en un instante perpetuo.
Instante acurrucado
entre proyectiles y sogas
rieles ardientes
manchados de flujo perverso.
Tranquila y desnuda se posa la muerte
en este domingo suicida
de abismo y rezos.
Gabriela Bert